Una consulta llega cuando la oficina está cerrada.
En esta inmobiliaria de barrio se alquila un piso: el tercero B.
El comercial contesta los mensajes entre visita y visita.
El viernes cierra a las ocho y deja el móvil de los anuncios en el mostrador.
Ese viernes, a las once y cuarenta, Lucía pregunta por el tercero B.
Se muda pronto, con su gato. Nadie leerá su mensaje hasta el lunes.
Mensaje de Lucía · sin responder
El lunes alguien le contesta, pero Lucía ya ha reservado otro piso.
Otra agencia le enseñó uno el sábado. El tercero B sigue vacío.
Volvamos al viernes: esta vez, Lucía tiene respuesta esa noche.
Le contesta el asistente virtual que Cravi ha puesto en la inmobiliaria. Avisa de que es un programa, confirma que admite gatos y propone visita el lunes.
Visita propuesta para el lunes
El lunes, la visita está en la agenda, pero sin confirmar.
El comercial lee lo que preguntó Lucía. Confirma, cambia la hora o la llama.
Visita confirmada por el comercial
Meses después, Lucía ya vive en el tercero B y un domingo gotea el calentador.
Deja una nota de voz; el mismo asistente ve que es urgente y propone un técnico. La reparación la aprueba la gestora de alquileres.
Reparación aprobada por la gestora
Lucía sigue en el tercero B y la reparación está aprobada.
El asistente anota el coste en la ficha del piso, con aquel mensaje del viernes. Para ti: el tercero B alquilado y una avería que no espera al lunes.
El asistente contesta y propone, pero no decide.
Las visitas las confirma tu comercial; las reparaciones, tu gestora.
Para verlo con tus pisos, empezaríamos por tres cosas.
Tus anuncios, la agenda de tu equipo y cómo te avisan hoy tus inquilinos.
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Son escenarios ilustrativos, no clientes reales.